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martes, 17 de marzo de 2020

Arándanos secos



Marzo 2020

Sucedió en junio del año pasado, no llego a la cita que acordamos y las siguiente tres semanas ni siquiera respondió mis saludos. Deje de buscarlo. Apenas comenzaba mi experiencia de estar sin trabajo, deprimido y sintiendo que a nadie le importaba y él no estuvo, no se enteró de todo lo vivido en ese proceso. Él quien dijo que también haría mucho por mi. Él que en su último cumpleaños me mostró al hombre más sensible del mundo y que durmió conmigo después de habernos acabado una botella completa de whiskey. Y bueno, al final me gano la soledad, me gano ese terrible deseo desesperado por encontrar una sola cosa que diera un poco de sentido a mi vida, que me regalara una sonrisa, que me diera un poco de ilusión y una madrugada de desesperación, muy cerca del 14 de febrero le escribí. Y lo hice a manera de reclamo, lo hice esperando que no respondiera más, lo hice queriendo que por fin me rompiera el corazón y me hiciera odiarlo y dejarlo de amar y dejar de soñar de una vez por todas con algo que jamás sucederá. Erre mi pronóstico. Ocho y media de la mañana y ya tenía su respuesta en el correo. Me dijo que también me extrañaba y que le permitiera llamarme y acordar una cita ese mismo fin de semana. Él también tuvo su buena sacudida personal en estos meses y eso lo sumió un poco en su aspereza de carácter pero ya paso. La crisis dio lugar, nuevamente a esos encuentros vertiginosos entre nosotros, dió paso a un nuevo periodo de complicidad, de compañía, de cercanía, de esos que siempre me hacen creen que si me quiere y que si le importo. Y sé que es así, se que le soy importante, sé que le represento algo bueno, pero jamás algo trascendente o prioritario. ¿Qué porque estoy ahí entonces? Ni yo lo tengo claro. El tema lo he tratado con 3 terapeutas y estoy por comenzar a desarrollarlo con la 4 y espero enserio que descubra porque no puedo sacarlo de mi mente y de mi vida de un jalón. Y bueno, más que no poder, porque no quiero, porque a pesar del tiempo y la distancia, sigues siendo tan importante para mi como la primera vez que te vi y te entregue mi corazón. Ha pasado mucho tiempo de esa vez, a pasado mucho desde entonces, he crecido y sigo fiel a ti, como siempre. Esta vez intentaré sin expectativas no equivocarme más y si has de quererme, que así sea y si no, que la vida me acabe de dar el putazo que necesito para soltarte. 

domingo, 28 de octubre de 2018



Arándanos 3

Después del último concierto de Drexler, por casualidad di con una canción en una playlist de mi hermano. Se llama “desde el fondo de mi corazón”, y no voy a negar sentirme identificado. El coro dice más o menos así:

Y, desde el fondo de mi corazón, antes que pierda la razón,
No vuelvas nunca más a mí.

Y como dice la canción, desde el fondo de mi corazón, lo reconozco, no estoy bien, yo te adoro y amo saber y estar cerca de ti, pero me desbarato cada vez que se repite el patrón y te veo y reconectamos y la pasamos bien y unos días va y viene la comunicación y después te vas y no sé más de ti, y sé que, aunque insista con algunos mensajes diarios, muchas veces se quedarán ahí, como enviados al aire.

Tu siempre has sido honesto conmigo, yo sé que lo que siento por ti es sólo mío y no es reciproco y por Dios que he intentado dejarte en una posición de amigo nada más, pero no puedo. La verdad es que el madrazo emocional que me llevo después de verte siempre es igual. Yo sé que uno no elige de quien se enamora y bueno, por alguna razón me toco hacerlo de ti y ha sido encantador, pero ya no puedo más. Creo que jamás te veré sólo como mi amigo y no puedo hacer otra cosa que agarrar mi par de patines y salir corriendo.

Me quedo con la enorme ilusión de ese sentimiento honesto y sincero por ti, de saber que esos momentos compartidos que han sido muy buenos, me quedo con la emoción de no haberme decepcionado si hubiera fallado algo entre nosotros y me quedo con la idea de que, si nos hubiéramos encontrado en otro momento de nuestras historias, quien sabe, igual y si habría surgido algo lindo. Y lo mejor que todo, me quedo sabiendo que, si bien mi amor no fue correspondido, si logre ganarme tu cariño.

Te agradezco tu honestidad, te agradezco el haber sido todo este tiempo un motivo para sonreír, para esforzarme, para procurar volverme una mejor versión de mí mismo, porque eso me ha vuelto un mejor yo.

No sé qué tan cursi sea escribir para decir estas cosas, pero acepto que no tendría los huevos para verte a los ojos y pedirte que dejemos de buscarnos. Si la soledad me traiciona y alguna vez lo hago, ignórame por favor. Tal vez el día de mañana nos volvamos a topar y te diga que encontré lo que quería o tal vez no. En cualquier caso, te deseo una vida feliz, una vida plena, una vida llena de esta tranquilad que buscas. Por favor, guárdame en tu mente y en tu corazón como un buen tipo y como el recuerdo de buenos momentos compartidos.

¡Gracias V!

¡Hasta siempre!

sábado, 24 de febrero de 2018


23 de febrero de 2018

Arándanos II
Por Héctor Juárez

La primera vez que escribí para el taller de creación literaria, lo hice sobre una visita tuya a mi oficina. Aquel relato se llamó Arándanos. Habíamos salido el fin de semana previo y pasamos a comprar dulces para tu mamá y me preguntaste si quería algo y pedí arándanos; así, el día que llegaste a saludarme, llevabas fruta y unas barras de arándanos, pues habías recordando que me gustan. Por eso, ahora que vuelvo a escribir de ti, es justo llamarle así: Arándanos II. Y debes saber que ese primer relato ha sido uno de los más aplaudidos de mis escritos y fuiste tú mi inspiración.

¿Que qué necesito para ser feliz? Pregunta difícil la tuya después de tanto tiempo, pero como bien lo dijimos, hace algunos años no me lo habrías preguntado y de haberlo hecho, mi respuesta hubiera sido una lista interminable de cosas. Hoy mi respuesta es mucho más simple, hoy no necesito nada porque todo lo que necesito para serlo está dentro de mí. Pero si tú decidieras intentar algo conmigo, volverías más felices mis días y yo haría lo necesario para ayudarte a ser feliz, pues no pretendo ser tu felicidad, porque esa solo tú sabes cuál es, solo desearía que nos acompañáramos en este camino y ser un motivo para sonreír.

Pero vamos más atrás, empecemos por ese día, sí, ese día de hace varios años en que me pediste invitarte a desayunar. Acepté a pesar de tener en puerta una cena para celebrar que terminaba ese proyecto escolar. Y, honestamente, no creí que hubiera una segunda vez, pero reconozco que cuando bajé de tu carro frente a mi casa, ya nada volvió a ser igual para mí. Por alguna razón, a partir de ese día, tu nombre se grabó en mi mente y en mi corazón. Desde entonces siempre estás presente.

Aún recuerdo lo nervioso que me ponía tu presencia, mantengo en mi mente tu emoción cuando te regalé las mancuernillas que hasta bajaste del carro para darme un abrazo, el primer beso que te di, la vez que estuvimos juntos, las muchas veces que hemos ido juntos a las ferias de libros, y por supuesto, cada uno de los conciertos que ha ofrecido Drexler en CDMX, no hemos faltado a ninguno.

Contigo he recorrido nuevos lugares, te he compartido mis descubrimientos, has conocido de mis muchos dramas de la vida, yo he aprendido a reconocer tus estados de ánimo, conozco tu fecha de cumpleaños y hasta la de tu mamá, conozco a dos de tus sobrinos, hemos desayunado, comido y cenado más de una vez, sé cuál es tu libro favorito, y hasta me volví fan de un par de tus músicos predilectos. Si tuviera que hacer un recuento de las veces que hemos tenido alguna diferencia y nos hemos reconciliado, puedo asegurarte que ni siendo una pareja formal, serían tantas.

Tengo que contextualizar todo esto para poderte explicar algo que no me atreví a decirte la otra noche. Me dijiste que tal vez yo me preocupaba por los demás a mi manera, sin preguntar cómo están. La verdad es que no, la verdad es que tú nunca te vas de mis pensamientos ni de mis oraciones. La verdad es que no se me olvida preguntarte cómo estás, qué haces, cómo sigues. La verdad es que a veces hago esos espacios porque te amo y a veces intento dejar de hacerlo, pero la realidad es que nunca funciona. Al final, de una u otra manera reconectamos y seguimos aquí: compartiendo.

¿Y sabes?, dándole permiso a mi corazón, sería lindo que, como reza el poema de Benedetti:
…. un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto

por fin me necesites.

domingo, 22 de marzo de 2015


2015

Dictó la numerología que para mí este año es “espiritual”. Ya me alcanzó marzo y sigo averiguando de qué chinga se trata eso. Lo que si tengo bien claro es que estos tres meses han sido algo densos, pues han estado cargados de una serie de eventos que hasta ahora me han tatuado en mi mente, una sólo pregunta: ¿Qué quiero hacer con mi vida? Al principio creí que sólo sería una más de mis innumerables masturbaciones mentales que mi enorme ocio logran ocasionarme, pero después de aceptar que me he dedicado tanto a llenar mis horarios entre el trabajo y la escuela, resultaría imposible darle vueltas a una misma cosa tanto tiempo. Además de todo eso, mis reacciones de total drama, como la de esa tarde en el cine en que rompí a llorar analizando si el día de mañana mi objetivo de trascender me va alcanzar para sentir que no me falle a mí mismo, entonces y sólo entonces fue que acepte que a lo mejor brinque sin bronca la crisis de mis primeras tres décadas, sin embargo, parece que hay algún aprendizaje que se me ha quedado atorado en el camino y en este año el sabio y bien odiado karma me dará unos cuantos chingadazos de esos que duelen bien dentro y que sólo quien los sufre es capaz de entender, para ver si averiguo de una vez por todas que es eso lo que tanta falta me hace y me ha ocasionado hasta ansiedad por conseguir más y más cosas y aprender más y hacer más y con nada tener paz en mis adentros.

Y acepto que me preocupa mi actual escenario, pues apenas llevó un cuarto del año y en estos meses me ha invadido una tremenda duda sobre si en verdad quiero la vida que tengo o invariablemente debo tomas las decisiones necesarias para ajustarla y sentirme satisfecho, sin embargo, mi muy maquiavélica mente también me hace preguntarme si no es mi entorno el que necesita un ajuste, sino más bien mi yo interno, el Héctor al que apague por mucho tiempo para chingarme aprendiendo, creciendo, haciendo lo que yo “creía “ debía cumplir, aunque hoy sé que no es así, que todo cuanto hice fue para mejorar, para crecer, para ser una mejor versión de mí, pero jamás porque debiera, sino porque así lo decidí y asumo mi responsabilidad, pero tal vez, como me lo hiciera ver Salvador, el problema no es pagar el precio por lo que quiero, pues lo sé hacer, con lo que de verdad no puedo es con el costo que ese pago va implicarme. En estos meses me he cuestionado por n-esima vez que tanto he errado en mostrar esa inagotable imagen de tenerlo todo bajo control y siempre estar bien. Me sorprende estar tan ensimismado en mis ideas sobre que quiero y que a mis cercanos les sea tan fácil asumir que como siempre, estoy bien. Digo, no quiero suplir a mi terapeuta pero de repente algo de diversión que evite estar pensando en lo mismo a nadie le viene mal, incluso a veces sólo quisiera un poco de compañía.

De lo que hoy si estoy seguro es que ya no quiero sentirme sensible, ya no quiero estar pensando en cómo se va transformar el universo si decido A o B. No quiero más estar pensando si mi familia me necesita y que así debe ser, en que debo aprender a vivir y disfrutar lo que tengo. Hoy ya no quiero sentir un nudo en la garganta ante cada película y en todo a mi alrededor encontrar ese mensaje subliminal que me obliga a seguir cilindrándome sobre mi razón de ser. De verdad que ya no quiero más “señales”. Si en verdad este es mi año espiritual… ¡que pinche espíritu tan atormentado tengo de veras! Y pese a todo mi sentir y mi cruel raciocinio, estoy decidido a confiar, pues sé que el proceso de la vida es perfecto, todo se acomodará y las decisiones que deba tomar para el camino que estoy destinado a recorrer se me presentaran y la vida, sabiamente, me dará todos los madrazos requeridos hasta encaminarme correctamente.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El Club de los “forever alone”




El Club de los “forever alone

 
Por Héctor Juárez

La primera vez que escuché el término forever aloneme dio risa, pues vino a colación en una reunión de cumpleaños, cuando me dijeron que los treinta son los nuevos veinte pero con dinero y sin tener que pedir permiso. Eres libre para hacer de tu vida un papalote y echarlo a volar. Me gustó tanto, que decidí navegar en adelante con esa filosofía, además de ser un tema cada vez más común en los círculos en que me desenvuelvo, pues siempre hay uno que otro que ocupa el mismo argumento para justificar su soledad.

Los primeros miembros, son los integrantes de mi pandilla, todos con más de treinta años, productivos, de buen ver, inteligentes, agradables y que secretamente están esperando caer en las redes de la frivolidad y estupidez que acompañan al enamoramiento, es más, Ezequiel con unas copas de más, asegura querer ser un mandilón. Sin embargo, todas sus cualidades, las estatuas de San Antonio puesta de cabeza, los patos mandarines que recomienda el feng shui para conseguir pareja y las fiestas de semáforos no han servido para que encuentren a su “peor es nada”.
 
Y la soltería que comparte un forever alone que se respete podría parecer una simple coincidencia, sin embargo hay situaciones como la de aquella reunión con mi amiga Kenia, en la cual conocí a un grupo de sus compañeros de la universidad con el mismo perfil: personajes con más de tres décadas, trabajadores, independientes, en general buenos partidos, pero todos solteros, condición que los vuelve miembros activos de este club. Y la cosa se pone aun peor, pues en mi familia también se encuentran más especímenes de esta clase que en cada ocasión posible recibimos los sabios consejos de la abuela sugiriéndonos al menos adoptar un hijo para que “alguien nos llore cuando faltemos”.
 
Eso sí, todo forever alone es un convencido de que este es momento para la búsqueda de la paz interior, para aprender a disfrutar de la compañía de uno mismo, para invertir en el desarrollo del intelecto. Se inscribe a todos los cursos que se ponen enfrente, asegura no tener el menor interés en el compromiso, pues se trata de un alma libre y jura preferir las salas de cine sin nadie a su lado que le impida apreciar el filme.

La verdad es que para el club de los “forever alone”, nuestros contemporáneos que ya han encontrado con quien pelearse el resto de sus vidas e incluso se han atrevieron a ser padres, son muy afortunados y aunque ellos mismos nos digan que así estamos bien, a veces nos causan envidia, pero lo olvidamos cuando nos vamos de viaje, salimos de compras o dormiros hasta el medio día sin un terrorista en miniatura cerca de nuestra cama obsesionado con jugar o ver a Chabelo en la tele.

Es importante señalar que esta peculiar tribu urbana, por llamarle de algún modo, juega ciertos roles sociales: son los mejores amigos, consejeros, tíos, hermanos, nietos y todo aquella posición que lo ponga a disposición de los demás. También se distinguen por ser crédulos, por haberse perdido una parte importante de su desarrollo social en los inicios de sus 20s, pues estaban tan ocupados aprendiendo, trabajando, creciente, que olvidaron vivir y tomar experiencias chuscas que hoy puedan compartir en una reunión de gente normal.

Ah! También somos víctimas de la tecnología, hemos aprendido a comunicarnos por la internet, a conseguir un meritorio diploma al dominio del Facebook (lo tomamos como terapia) y si nos queda un poco de tiempo hasta tweeteamos nuestros estados de ánimo, nos regodeamos en cada comentario en las redes sociales y obviamente somos ciberapapachados por otros tantos forever alone que siguen creyendo que algún día llegara su otra mitad.

También pagamos gimnasios, terapeutas, bariatras, lecturas de cartas. Eso si, somos la adoración de los hijos de nuestros amigos, pues siempre los compramos con regalos o tenemos algo interesante en nuestras casas. Somos fanáticos del feng shui, nos damos regalos caros y tenemos pasatiempos raros, nos encanta ser padrinos de todo y somos capaces de sostener charlas profundas con otros forever alone sobre todos los requisitos que un ser iluminado debe tener para osar contar con nuestra presencia en sus vidas.

Por otro lado, existen enormes beneficios al pertenecer a este club: hemos viajado, es decir que conocemos otros países, otra gente, hablamos más de un idioma, peleamos por cargos ejecutivos, tenemos tablas en el manejo de equipos, hemos tejido importantes redes de contactos, somos responsables, confiables e increíblemente comprometidos.

Sin embargo, las carencias afectivas también acompañan a esta condición y por decirlo de forma sutil, andamos con perfil bajo en busca de un ser humano que con su presencia agite nuestra maravillosa estabilidad y sea capaz de regresarnos a esa época maravillosa de nuestras vidas en que sentíamos mariposas en el estómago, nos temblaban las piernas y nos sudaban las manos.

Y es en esa discreta búsqueda que se aparece uno que otro espécimen al cual decidimos creerle cualquier historia que nos platique, nos dice “mi alma” y le exigimos casa y carro. Es ahora cuando el tiempo empieza a pasar facturas y recurrimos a largas sesiones nocturnas con nuestros compiches para obtener opiniones inútiles sobre que nos pareció el último pretendiente, las cuales ,dicho sea de paso, siempre son terribles encontronazos con la realidad que compartimos y nunca apoyamos el dejarnos ir como gorda en tobogán, guiados por nuestros sentimientos pues ya somos adultos y estamos llenos de prejuicios: no por el trabajo que tiene, no por el que dirán, etc.

En realidad creo que simplemente en el camino que hemos recorrido no nos alcanza para aceptar que no siempre se gana, que no siempre obtendremos todo lo que deseamos, que a veces vamos a sufrir y nos van a romper la madre, pero que nuestra capacidad de volver a nuestro estado original y soportar las tempestades esta más que probada y que nunca pero nunca va llegar ni el momento ni la persona perfecta para tirar nuestra membresia a este club, porque somos un perfecto ejemplo de cobardía, pero eso sí… con mucho estilo, pues..antes muertos que sencillos. 

 
 


sábado, 15 de diciembre de 2012

La Boda


20 de octubre de 2012

La Boda

Creo que existen pocos momentos tan emotivos para dos personas que se aman como el día de su boda, si, ese día en el que frente a una bola de metiches y gorrones se juran estar juntos hasta que la muerte los separe. De verdad que ese instante debe ser uno de los más increíbles en la vida.

Este fin de semana he tenido la oportunidad de ser parte de uno de estos momentos irrepetibles. Una de mis amigas más cercanas, Fabiola, llego al altar y como buena niña decente cumplió todo el protocolo que reclama la sociedad. ¡Claro! salió de blanco y tuvo una de las bodas más bellas en que me ha tocado estar. Ahora bien, no negaré que mi apreciación es completamente parcial pues está influenciada por el enorme cariño que guardo por la pareja, además que mi adorada amiga papiroflexica (si, es que me enseño hacer cajitas con hojas de colores) y su ahora marido, Gustavo, me compartieron los preparativos de tan rimbombante evento desde varios meses atrás, con amenazas ante cualquier revelación facebookera sobre el escenario en que tendría lugar el evento.

Antes de decir algo más, es justo hacer un resumen sobre mi amistad con la novia, la cual se remonta a mi primer día en la universidad, pues junto a su inseparable amiga Sandra, fueron las primeras en someterme al interrogatorio cotidiano entre compañeros para averiguar dónde había estudiado la prepa y esa clase de cosas sin importancia que sirven de pretexto para entablar platica. Y desde entonces hasta hoy, hemos seguido tan cercanos que incluso algunos años después de haber egresado de la carrera, coincidimos en el Posgrado de la FCA de la UNAM, donde estudiamos la maestría y nos acompañamos muchas noches de regreso a casa, pues también somos casi vecinos. Después de varios años de aquel primer encuentro escolar, puedo presumir que hemos reído, llorado, tomado y no se cuantas cosas más juntos, hasta compartimos nutrióloga. Sólo me falta convencerla de que también vaya con mi terapeuta.

En fin, mientras sigo trabajando en convencerla de ir con Nilda (mi terapeuta), nos llegó su boda. En este evento tuve el honor de participar en la ceremonia religiosa. Los novios me pidieron entregarles unas arras muy especiales que utilizaron ese día, lo cual fue un verdadero honor para este humilde siervo del señor (¡amén!). Eso si, para cumplir con este compromiso y presentar las arras de lo mejor,  puse a mis esclavas de servicio social a aplicarles toda clase de limpiadores y pulirlas hasta que las manos les quedaron negras, así que darme el crédito de haberme encargado de la limpieza sería injusto, aunque si puedo adjudicarme la elección del cofre y el estuche en que las presenté.

Regresando al tema de la ceremonia, aceptaré que tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano por no chillarle a gusto como lo hubiera querido, pero veía a los novios todos sonrientes y felices y decidí no desentonar con tanta alegría,  así que me dije a mi mismo: “mi mismo, aguántese como los machos y no le chille” y me mantuve bien seriecito, aunque mis piernitas temblaban cuando vi llegar a mi amiga vestida de novia.  Y no olvidemos la música vernácula que amenizó la ceremonia, eso si que fue original, aunque el termino “original” se queda corto cuando uno trata de calificar a esta peculiar pareja que siempre me logra sorprender.

Después de superar la chilladera interna que traía, comerme mis mocos y demás, regresamos a la hacienda donde tuvo lugar el fabuloso festejo y ahí si se me olvido el drama y me la pase increíble. La recepción arrancó con huapangos, vasos con pulque para delicia de mi señor padre, martinis de cereza y mora que nos hicieron muy felices pues estaban excelentes y todo eso acompañado con muchos bocadillos mexicanos, es decir: pambacitos, sopesitos, quesadillitas, etc. Y después de un par de horas prealimentanos y marinándonos en alcohol,  nos pasaron al salón de la hacienda en donde sirvieron una muy rica comida, una pecaminosa mesa de dulces, un servicio de café de diez, cup cakes ligeramente dulces  y hasta un pambazo en la tornafiesta, todo acompañado de unos vinos que me hicieron perder el estilo y acabar no ebrio, sino lo que le sigue.

Y que decir de la compañía, hubo rencuentros con compañeros de la universidad que tenía años de no ver y que descubrí en su modo “papas” o viajeros frecuentes. Fue el pretexto perfecto para compartir con algunos otros a los que soy más cercano – es decir, que puedo recitar sus vidas, secretos y pecados -  como Ezequiel y la comadre, Haydee, y hasta con nuestra amiga de altamar, Larisa. En este fin de semana platicamos, reímos, brindamos, les deseamos lo mejor a los novios y nos divertimos como hacía mucho no lo hacíamos, pues tanta platica ocasiono una sed severa que sólo apago el vino rosado, el cual provocó muchos desfiguros y nos dejó liberarnos de la pose que teníamos entre trajes, vestidos largos y copetes y nos permitió dar rienda suelta a gritos, bailes y uno que otro feliz ridículo. (Para mayor referencia ver el álbum fotográfico en Facebook sobre el evento)

Hubo un momento en la noche en que ya totalmente apagada nuestra sed (léase: alcoholizados), sin frío y muy alegres comenzamos a renovar el concepto de los arreglos de mesa, pues lo aderezamos con las corbatas, vasos desechables, servilletas, dulces y todo lo que tuvimos disponible; La comadre brindó con los biberones de su hija y bueno, hasta ahora no tenemos claro quien de las dos se tomó el vino y quien la leche, pero la niña callo dormida enseguida. Haydeé también tiró unas tres veces las copas en la mesa y hasta derramo una botella entera encima de otro invitado, con lo cual nos hizo recordar a quienes la conocemos desde la universidad, su honroso premio “Escar” a la más borracha (Se llama Escar el premio porque somos egresados de la ESCA del IPN).  

Otra víctima de nuestros arrebatos fue la novia, no se espanten, no la fuimos a desvestir ni nada, sólo fuimos a brindar con ella en la mesa de honor, la cual nos quedaba como a varios metros, ya que estábamos en la mesa del rincón como muñecas feas y pues ella estaba en el centro del lugar y si lo piensan bien, por el estado en que nos encontrábamos ese recorrido fue toda una proeza,  la cual bien valió la pena, pues brindamos, reímos, cantamos, gritamos y le hicimos pasar un buen rato, o al menos eso es lo que recuerdo.

Quisiera contarles más, pero la verdad es que sólo viene a mi mente el momento en que ya sentado en la mesa escuche el famoso tema  “Mc Lovya” del internacionalmente desconocido grupo de internet Tropikal Forever. En ese momento vi cumplirse el sueño del novio que también era la amenaza para la novia, de que ese tema sonara en su boda. Después de eso sólo recuerdo que salimos a elevar unos globos de cantoya en medio de la noche con un frío que por poco hace que se me bajara la peda, un poco de karaoke y nada más, aunque la evidencia fotográfica me demuestra que acabé hibernando en mi cama hasta las 6 de la mañana, momento en que el ardor en mi pecho, por mi sensible estomago, me hizo brincar de la cama casi llorando preguntando porqué se me había ocurrido tomarme todas las botellas que amablemente Ezequiel me había acercado.

En fin, con todo y los ardores, molestias y demás, el haber sido invitado (con toda mi familia) a compartir un momento tan importante para Fabiola y Gustavo me confirma lo bien que se siente que gente tan linda te incluya en su vida y me hace reconocer el compromiso tan grande y bonito  que es nuestra amistad. ¡Gracias Fabiola y Gustavo por ser parte de mi vida! 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Pilar


Pilar
En marzo de 2003, a un par de meses de haberme graduado, tuve la fortuna de ingresar a trabajar en una de las dependencias federales que tienen una de las laborales más loables, el cuidado al medio ambiente. SEMARNAT ha sido uno de las mejores experiencias en mi vida laboral, me dio el brinco a la burocracia federal y me dejo grandes enseñanzas personales, además de haber servido de escenario a muchas de las mejores experiencias que he podido vivir. Y bueno, es en este lugar donde la conocí, en ese momento yo recién había cumplido 22 años y aunque ya había trabajo como auditor, era la primera vez que me convertían en un mando medio, pues era mi primera Jefatura de Departamento en la que mi mentor había apostado por mí.

Hoy puedo confesar no recordar si fue más terrorífico mi primer día en la primaria o mi primer semana en ese trabajo, pues nadie me hablaba y si a eso le añadimos mis subdesarrolladas habilidades sociales, mi caso era terrible, sin embargo, hubo alguien que se acerco y dijo: hola, soy Pilar Jiménez, soy abogada. Debo reconocer que saber que alguien se había enterado de mi llegada y me tendía la mano me hizo sentirme más cómodo, aunque su amabilidad le costó cara, pues no deje de irla interrogar el millón de veces que fue necesario hasta aprenderle todo lo posible al tema ambiental.

Mentiría si dijera como se fue tejiendo nuestra amistad hasta llegar a este momento, en el cual dice que mis papás son sus papas prestados y en el que mi propia hermana le dice hermana postiza. Es por esto que nunca serán suficiente unas cuantas líneas para describir todo lo que ella es, pues su persona engloba a una abogada brillante, a una inestable emocional, a una imprudente inofensiva, a una amiga fiel, a una muy poco confiable organizadora de fiestas, a veces gritona, a veces la más leal, la que siempre esta, si, también a veces aquella a la que medan unas ganas de darle unas buenas cachetadas, pero que es eso, sino la amistad.

Pilar me ha llenado de ejemplos de profesionalismo, de tolerancia y de lealtad y también, porque no aceptarlo, de muchos otros sobre como no reaccionar en la vida personal. Me ha hecho sentir que cuento con alguien para apoyarme. Sé que a veces no he sido el mejor amigo, pero soy perfectible y cada día trabajo en seguir creando una mejor versión de mi mismo. Me ha compartido secretos, preocupaciones, borracheras y hasta tuvimos la oportunidad de viajar juntos y sobre todo y estoy convencido de ello, me ha enseñado a reírme cada vez más de mi mismo, a no tomarte tan enserio, a disfrutar, a probar, a soñar y a no sé cuantas cosas más, por lo cual debo decir que la única forma que encuentro para decir lo importe que es para mí, es con un GRACIAS POR EXISTIR AMIGA. Gracias porque tu tenacidad con el tema de “La Pandilla” ha sido mi mayor aliciente para volverme a permitir formar parte de un grupo, en el cual como tu nombre lo dice siempre seras un Pilar.

Te quiero. 

lunes, 27 de agosto de 2012

Peces…peces y más peces..


Peces…peces y más peces..

Por Héctor Juárez

 
Todo comenzó cuando mi cuñado se enteró a través de Facebook de la existencia de algo llamado “Fishville”, juego en línea simulador de una pecera, que a través del tiempo invertido en incontables dosis de ocio en la red, te permite embellecerla con peces y adornos. Pues bien, después de pelear contra su voluntad, cedió a sus bajas pasiones y materializó su sueño, encontrando así su segundo y nuevo gran vicio, digo segundo pues el primero es ser un ferviente seguidor del equipo de fútbol, portavoz de los maestros de la cuchara, o sea el Cruz Azul.
 
La historia de los peces inició con la compra de uno de esos recipientes de 20 litros el cual alberga a estas adorables y exigentes mascotas, sin el permiso de mi hermana, pero bueno, en ocasiones resulta conveniente echar mano del afamado refrán que asegura “Ser más fácil pedir perdón que pedir permiso”. Al final, la novedad acabó envolviendo también a ella, facilitándole las cosas a mí cuñado los siguientes meses, pues evitó las incansables quejas por el desorden ocasionado. Y todo iba bien hasta que su incesante investigación diaria en la red, resultado de su exceso de trabajo, llevaran a mi cuñado a descubrir la existencia de una sinfín de peceras de mayor tamaño.
 
A medida que su interés aumentaba, el siguiente paso fue más sencillo, pues consiguió ir contagiando poco a poco a toda la familia en el mundo de la pecerología, descubriendo la existencia de mercados especializados en la materia, donde uno puede alegremente caminar apretujado, como cualquier mañana en el metro, entre olores no muy agradables y un excesivo calor, mientras a su alrededor se descubre la variedad de colores, tamaños y precios. Pues bien, fue en alguna de estas excursiones donde mi señor padre quedó maravillado y salió de ahí con un pez beta, el bien portado y hoy difunto “Michael”.

Hasta ese momento me creía inmune a la enfermedad, pero entonces pasó, mi cuñado cambió de pecera, ahora tenía una de 40 litros, la cual, para ser honestos, lograba enamorarte a primera vista, pues era una especie de lámpara viviente llena de pequeñas criaturas revoloteando en su interior, de ahí el apodo de “Guajolotitos” con el cual mi hermana se refiere a sus peces. Por cierto, el nuevo juguete requirió más espacio, un nuevo mueble, más equipo y claro, ahora mi familia ya no sólo era cruzazulina, también amenazaba con convertirse en mecenas de la crianza de “Guajolotitos”.

Y como buen hijo y hermano, un domingo fui arrastrado por la curiosidad al famoso mercado y empezó mi mecenazgo, pues para cuando terminó la excusión, ya teníamos una nueva pecera, ahora de 80 litros, dos bases de madera y un montón de equipo para su mantenimiento. Yo heredaría la de 40 litros y mi cuñado tendría el doble de espacio para sus alevines, peces bebes, y a decir verdad, estas mascotas no hacen mucho honor a su apodo, pues más que aves de granja, parecen conejos por su “ligereza” para reproducirse.

Por cierto, no tuve necesidad de adquirir peces; con la pecera vinieron alrededor de 40 especímenes a mi casa, a quienes cuidé con gran ahínco hasta ese terrible día, cuando llegaron a mi recién inaugurada guardería para alevines, un nuevo grupo de refugiados acuáticos que huían del canibalismo de los más grandes de su especie que habitaban en la pecera de mi hermana. Sin embargo, nuestra labor salvadora se vio empeñada por el desconocimiento de la gran cantidad de enfermedades en los peces y junto con los nuevos inquilinos llegó un virus que en tres días acabó con todos y logró hacerme sentir el más irresponsable de los padres, confirmando mi teoría de no haber nacido para tener un hijo.

Pese a nuestra gran pérdida, no decayó el ánimo y el fin de semana siguiente, después de limpiar a conciencia el contenedor de la muerte, regresé al mercado pero ahora por especímenes más grandes, pues me negué por completo a volver a intentar criar otros “Guajolotitos”. Esta vez escogí peces japoneses, si, esos de televisión, los dorados que viven en una pecera redonda con un lindo castillo, sin saber lo laborioso y exigente que resulta su cuidado, pues ameritan algo así como 40 litros para cada uno. Para cuando lo supe ya era tarde, pues había comprado 15 de ellos. Y por cierto, también son xenofóbicos, pues no pueden convivir con otra especie, información valiosa si el vendedor no la hubiera omitido y habría evitado otras muertes, pero bueno, a mi favor debo decir que estaba aprendiendo y en esa ocasión fui precavido, pues les puse todo lo que me indicaron en otro de los locales del mercado: sal marina para el estrés, gotas de azul y verde malaquita por si se enfermaban, cultivo de bacterias, para madurar el agua y hasta comida especial, aunque dicho coctel también me provoca bajas en mis peces. Pero insisto, fue aprendizaje.

Y así, cuidando peces y sufriendo perdidas, llegamos a este fin de semana; la ansiedad de mi cuñado nos llevó a volver a rotar las peceras; si, ahora adquirió una de 200 litros, yo heredé la de 80 y mi hermano la de 40 y mientras escribo estas líneas, contemplo la nueva casa de mis nueve sobrevivientes japoneses, todos naranjas y veo al recién llegado, un japonés negro, pues así lo pide el feng shui, y me pregunto si la próxima vez que me llame mi cuñado para platicarme de un nuevo plan para cambiar peceras, me atreveré por fin a decir no, o tal vez me suceda como con el futbol, pues después de años de jurar no gustarme, ahora no sólo voy al estadio, también tengo mi playera azul y sigo esperando a que “Seamos campeones”.

 

martes, 14 de agosto de 2012

Semáforo (una historia en dos partes)


Semáforo   (una historia en dos partes)
Por Héctor Juárez

Recibí un correo electrónico de Raquel invitándome a la fiesta de cumpleaños de Adrián. El tema es el semáforo. Me suena un poco a que mis queridos amigos siguen jugando a ser la celestina de la "pandilla" o sencillamente están cansados de ser la única pareja del club de los "forever alone", grupo de quienes rebasamos las tres décadas de vida y que seguimos a la espera de nuestra media naranja. Raquel y Adrián más de una vez han intentado crear conexiones entre su nutrido grupo de amigos, pero parecen no tener suerte, así que han decidido utilizar este festejo para comprobarnos a todos que si puede existir el amor a primera vista, ¡ilusos!. En fin, la regla para la fiesta es simple, los invitados deberán vestir una prenda verde si están disponibles, amarilla si tiene una situación emocional complicada y roja si ya están comprometidos.

Esta invitación me da la tarea de reflexionar el color que seleccionaré para vestir en dicha reunión. De manera cínica y honesta debería ir con una prenda verde, no tengo compromiso con nadie, no salgo formalmente con alguien, pero para ser sincero creo que el verde no me va muy bien. Podría ir con esa camisa a cuadros que siempre ha tenido fama de parecer un bonito mantel de día de campo de cuadros blancos y amarillos, eso sería más sincero de mi parte, pues entre los arándanos, las ciruelas y el feng shui no tengo cara para discutir que no estoy en una situación emocional complicada. De rojo, simplemente imposible, pues el que mi cabeza este en un lado, mi corazón en otro y mi cuerpo de vez en cuando me traicione, no quiere decir que esté con alguien, es más, si así fuera tendría con quien asistir. Por cierto, para la fiesta me decidí a ir de morado y ya veré como resulta.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Arándanos



Arándanos
Por Héctor Juárez

Siempre me ha parecido una exageración las historias románticas de las películas en las que no existen las coincidencias, en las que todo es una señal y todo tiene una simple justificación para existir y es que el destino tiene predestinado a la persona idónea para cada personaje. Sin embargo, hoy es uno de esos días en que mi estado de ánimo se elevó por la visita de cierto personaje que para mi estructurado cerebro logra esa reacción de un idiota enamorado en mí. Hoy me trajeron unas barras de arándanos, claro por aquello de mi interminable e insufrible dieta.

La semana pasada después de nuestra visita al Museo de la Memoria y Tolerancia, caminamos hasta llegar a una tienda de dulces y encontré arándanos secos, fruta que me gusta mucho y más en dicha presentación, así que fue lo que seleccione para comer en esa tarde y aunque no es la primera vez que me demuestra que si pone atención en mis gustos, me sorprendió que lo recordará y que me alegrará la tarde con ese detalle, además de su visita, claro está.

Debo reconocer que hoy no esperaba recibir a nadie en la oficina, de hecho estaba tan ocupado que me disponía a comer en mi privado cuando recibí su llamada, la cual después de que el domingo ignorara un mensaje que le envíe, no creí que se dieran tan pronto. Me llamó como si estuviera hablando con un supuesto cliente, lo cual me hizo saber que tenía compañía, así que le confirmé que si estaba disponible y me afané en ordenar mi cargado lugar con detalles orientales porque así lo pide el feng shui, a fin de recibirle con una enorme sonrisa.

Pretender que iba a cumplir mi palabra y me iba a enojar porque no había tenido noticias suyas en los últimos días era una total falsedad, pues de solo ver su número en mi celular me hizo la tarde y más aún después de la retahíla de argumentos que me había dado Salvador, mi brazo derecho en el trabajo, para recordarme que es urgente que tome vacaciones y me vaya a descansar unos días, pues para ser miércoles mi cara parece de viernes y mi ánimo se percibe como de fin de año y sin aguinaldo.

Pero volvamos a los arándanos, que con todo este escenario de cansancio y mucho trabajo me han hecho sonreír y me han servido de inspiración para comenzar mi faceta de escritor. En resumen, tal vez las frutas secas no sean una señal de un sentimiento que añoraría creciera en esa persona por mi, pero es un pretexto perfecto para platicarles en breve lo que mi terapeuta se esmera en definirme como enamoramiento. Y ahora que lo pienso, sería bueno ser el protagonista de una película romántica.